Comermelo, besarle, morderle los labios.

Lo reconozco, no es perfecto. Pero, ¿acaso significa eso que no le quiera? No. Y estoy muy segura de que es todo lo contrario. Significa que le quiero con sus pequeñas imperfecciones y con sus grandes defectos. Y los acepto, como no lo los acepta ni él mismo. Que le miro, con todos sus complejos, y aun así quiero comérmelo, besarle, morderle los labios. Al final acabara siendo mío, solo mío. Y él también aceptará lo fea, gilipollas, celosa y bipolar que soy.

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