No hay que ser fuerte, si no moldeable.

¿Por qué nos gusta admitir que somos fuertes, cuándo el más valiente es el que pide ayuda ante los problemas? ¿No sería más fácil dejar a un lado esa dureza antes los cambios, y dejarnos moldear por los errores? No es más fuerte el que nunca se cae, si no el que aprende a levantarse. No es más fuerte el que más golpes da, si no el que más golpes aguanta. No es más fuerte el que no comente errores, si no el que aprende ante las equivocaciones.

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